martes, 29 de marzo de 2016

Ella sola

Cuando llegó el momento de salir, su piel quedó pegada al cascarón. Y así la carne, (con el tiempo), tenía la sensibilidad de un cartón.
Respiraba por inercia, caminaba descalza, con brazos de guadaña, no dejaba nada a su alrededor, nada sano, nada con vida.
Con explosiones de sentimientos y placeres, te ahogaba en sus pantanos (mientras mas intentabas huir, peor era). Enroscaba como anaconda, hasta asfixiar. Endulzaba oídos y corazones. 

La reina de la noche, de la locura y el descontrol. Ella sola se creía cada mentira que vomitaba. Ella sola incendiaba cada estrella que miraba. 

Ella sola…

Su mirada era un lago, un gran lago gris. Se perdía en el espacio, y con ella te llevaba a volar, a soñar, a carcomer tus huesos.
Tenía la capacidad de nadar los profundos ríos de tus venas. No importaba la fortaleza que tuvieras. Ella lograba entrar por los poros de cualquier alma en pena. Invadía como un químico letal.

Entraba sin previo aviso, y los síntomas de toxicidad llegaban mucho tiempo después, cuando ya no había posibilidad de cura. Lo que provocaba era fiebre, vómitos y taquicardia. 
Poco a poco mataba neuronas, agujereaba pulmones, y reventaba corazones inválidos. Su veneno era dulce, adictivo, y fatal. Su belleza cósmica anudaba gargantas.

Y ella sola, sola seguía…

Ella sola, su tristeza era su motor.
Ella sola, su alma negra asesinaba.
Ella sola, dulcemente se vengaba.
Ella sola, seducía sin control.
Ella sola, sola terminaría, algún lejano día, sin paz y sin amor.

(Paraná - 2013)

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