viernes, 25 de noviembre de 2016

Elementos

Un cable de acero en tirabuzón alrededor de los caños,
envolviéndose para no lastimar la piel.
Enroscándose suave y constrictor entre los dibujos y las venas.
Convertido en liana entre las manos sudorosas y desgarradas.

Los acordes y engranajes me sacuden la tierra,
me toman como una hamaca para hacerme volar.
Me sostienen y arrebatan del aljibe perturbador.
Son cenizas del dolor que vuelven a dar color.

Como frotar la lámpara con febril esperanza,
como invocar al viento arañando la garganta desde adentro.
Soñando y desvaneciendo, muriendo y sonriendo,
la caricia en la mejilla, el beso en la frente de la salvación.

Agua de manantial en el desierto del llanto,
coros que cosquillean los oídos aturdidos.
Elevándome en vaivén, como hoja que vuelve al árbol.
Como semilla que vuelve a la tierra preparada para nacer.

Fuego azul que ilumina y da vida.
Agua blanca meliflua que bañar los pies.
Tierra húmeda que acaricia cada esquina
de mi cuerpo caído, el aire burbujeante que encumbra mi ser. 

martes, 11 de octubre de 2016

Soul

Jazz y candombe. Con las luces, las gotas.
Suspiros de malbec en las formas, con los dientes de mantel. Sin enmudecer, respirando confesiones, el aire de pasiones peinando la piel.
Los pies amortiguando el vapor del frío. Sonrisas rodando los rincones mas sombríos. Respaldo de dolores olvidados de ayer. Un micrófono de colores duerme al amanecer. Samba radioactiva vislumbra la noche, la quietud mas nociva mi eterno reproche.
La voz partida del calor de viento, la línea mas fina que cruza el acento. A puertas cerradas el sol no se ve, pero es innegable que acoge el ser, con manto blanco de seda y papel, renueva los labios al aparecer.

miércoles, 14 de septiembre de 2016

La eterna espera

La eterna espera sobre hormigón gastado y embarrado, 
de un rincón olvidado, olor a tierra y alquitrán. 
Juegan sobre el pedregullo rancio e infectado, 
las manitas sucias de los descendientes del dolor. 
Juegan a descubrir algo nuevo, que sin embargo es antiguo y obsoleto. 
Rechinan los viejos altavoces por algún cortocircuito, 
aún mas añejo que las colillas enterradas bajo mas mugre de ciudad. 
En sus caras, una patética expresión de aceptación a las adversidades que su agotadora rutina les presenta. 
Queriendo ser parte de una retrógrada costumbre de alienación, 
mientras que un par de cerebros mas dichosos, se aíslan en una virtual caricia con la lejanía. 
El olor a semillas tostadas y pegoteadas con tierra y sudor ajeno, 
tapan el aroma de algún desodorante barato y potente, 
que alguien eligió de una oxidada góndola de mercadito de terminal, 
terminal de eterna espera. 
Espera por retornos, espera por abrazos, espera por olor a hogar, 
o largos viajes interminables, junto a perros de añeja sarna y pulgas de antaño. 
Junto a niños de manos limpias y ropa nueva, con rezagos de un mercado que no siente ni perdona, 
de cabezas que no llegan a sacar la cabeza del agua, ni volar un poco mas allá. 
Personajes que se acumulan y otros que desfilan en el bullicio de la eterna espera.

jueves, 4 de agosto de 2016

En Silencio

La mirada puesta en la presión de mis palabras, que no se si tengo, o secuestro de los mas pequeños detalles de la ciudad.
Y de ellas colgaré todos los momentos de soledad, todos los pesares que no se tapan con muecas.

La ansiedad de buscar, la esperanza de encontrar, se pierden en una pena eterna, que hunde, que golpea en el estómago.
Y con el pecho inflado, miro cada baldosa floja que esquivo, rozo el suelo con los ojos, atrapo charcos con lágrimas. Se escapa una sonrisa desubicada y se vuelve a esconder.

Y sucumbo frente a la histeria de mis entrañas, cayendo desplomada sobre el colchón destendido, para dejarme llevar por los sonidos de la noche, por el rechinar de la ausencia, por el derrame de la tinta en el papel y en mi piel.
Sólo así puedo verte, respirarte. Dejar caer los párpados, y observar.

martes, 29 de marzo de 2016

Ella sola

Cuando llegó el momento de salir, su piel quedó pegada al cascarón. Y así la carne, (con el tiempo), tenía la sensibilidad de un cartón.
Respiraba por inercia, caminaba descalza, con brazos de guadaña, no dejaba nada a su alrededor, nada sano, nada con vida.
Con explosiones de sentimientos y placeres, te ahogaba en sus pantanos (mientras mas intentabas huir, peor era). Enroscaba como anaconda, hasta asfixiar. Endulzaba oídos y corazones. 

La reina de la noche, de la locura y el descontrol. Ella sola se creía cada mentira que vomitaba. Ella sola incendiaba cada estrella que miraba. 

Ella sola…

Su mirada era un lago, un gran lago gris. Se perdía en el espacio, y con ella te llevaba a volar, a soñar, a carcomer tus huesos.
Tenía la capacidad de nadar los profundos ríos de tus venas. No importaba la fortaleza que tuvieras. Ella lograba entrar por los poros de cualquier alma en pena. Invadía como un químico letal.

Entraba sin previo aviso, y los síntomas de toxicidad llegaban mucho tiempo después, cuando ya no había posibilidad de cura. Lo que provocaba era fiebre, vómitos y taquicardia. 
Poco a poco mataba neuronas, agujereaba pulmones, y reventaba corazones inválidos. Su veneno era dulce, adictivo, y fatal. Su belleza cósmica anudaba gargantas.

Y ella sola, sola seguía…

Ella sola, su tristeza era su motor.
Ella sola, su alma negra asesinaba.
Ella sola, dulcemente se vengaba.
Ella sola, seducía sin control.
Ella sola, sola terminaría, algún lejano día, sin paz y sin amor.

(Paraná - 2013)

martes, 22 de marzo de 2016

Con voz pero sin vos.

Si antes no tuve el valor, o me encerré en la jaula de la mediocridad. Con barrotes oxidados de temor, y un suelo de suave hormigón.
Si antes me perdí en color, y me creí que era todo gris. (Gris puede ser para siempre, sólo hay que saberlo como una amplia gama de vida, no como una eterna opacidad).
Si antes me creí incapaz...
Ahora puedo volar. Volar y no volver.
Rebuscada, inquieta, intensa, como siempre...
Pero libre. Llorando, pero sonriente. Sangrando, pero latente.
Perdida pero disfrutando la incertidumbre.

Cortando las malezas. Plantando árboles de jacarandá. Mirando tus nubes. Alucinando el color.
Sangrando dulzura, como me enseñaste vos. Lagrimeando sudor. Sudando ardor.

Libre, pero adicta.

Egoísmo voraz que me guardo en el bolsillo para hacer una fotosíntesis de amor.
Como vos fuiste. Como vos me transmitís aún sin respirar.

Y aunque vuelva a preguntarme si te diste cuenta o no, si abriste los ojos o no, espero... Respiro. Y renazco.

Libertad.






miércoles, 27 de enero de 2016

Tic-Tac

Una base lenta, marcada, sensual...
El asfalto mojado, el silencio.
La gota cayendo de mi pelo.
Los coros.
Coros de mujeres.

La cama con escarcha.
El olor a humo,
El humo.
Las gotitas moradas en la mesa de luz. O rojas. O blancas. Intermitentes quizás.
Intermitente está el semáforo mojado, ahí solitario, colgado. Totalmente invisible.
Las huellas de agua y caucho.
El barro acumulado.

Suspiros.
Garganta seca.
La cintura maltrecha.
Debilidad y fortaleza.

La arena en los pies, de noches interminables.
Tic-Tac.
Culpa.
Inconformismo.
Lentitud.
Una base lenta, marcada, sensual...